

Algo oscuro acecha entre las páginas, un caso que sólo TÚ puedes desvelar
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Siempre he odiado leer. Desde bien pequeño me aburría, todo lo que no fuese actividad física y bruta —cuanto más bruta, mejor— era una pérdida de tiempo soporífera. Quedarse sentado, inmóvil y concentrado frente a las páginas de un libro era directamente el infierno.A la edad de nueve años, a una amiga de mi madre, lectora empedernida, le pareció bien la idea de pagarme cien pesetas si me leía un capítulo ridículamente corto de un libro tamaño cuartilla, con la intención de que descubriese en aquellas dos páginas los maravillosos mundos y las historias fantásticas que pueden encerrar bajo sus tapas mis aparentemente aburridos enemigos de papel. Al igual que con un plato de verduras, hice un esfuerzo sobrehumano, me tapé la nariz y me leí aquellas interminables dos páginas. Y al igual que con un plato de verduras, no saboreé nada. Comí lo más aprisa que pude sin enterarme de qué estaba comiendo y fui a por mi premio. La amiga de mi madre no consiguió su objetivo, yo sí las cien pesetas.Más adelante, en el colegio, de vez en cuando venía algún autor de los libros de lectura obligatoria que nos habían mandado en clase de Lengua. Nos daba una charla —para mí infumable— sobre los entresijos de la historia que se supone que nos habíamos leído y luego nos soltaba aquello de «algunos de vosotros querréis ser escritores de mayores», frase que recibía como respuesta la cara de ilusión de algunas compañeras y la mía de repelencia profunda.En Bachillerato escogí la rama de Ciencias de la salud y descubrí que las asignaturas de Ciencias se me daban fatal, no así Lengua y literatura, en la que destacaba considerablemente en mi clase. En la prueba de Selectividad, los exámenes de Ciencias fueron un completo desastre, aprobados por los pelos, mientras que Lengua fue mi mejor nota. Por extraño que parezca, del Bachillerato de Ciencias salté a la Licenciatura de Filología hispánica.Y qué puedo decir, descubrí aquello que la amiga de mi madre quiso enseñarme con cien pesetas nueve años atrás: que los libros son contenedores inmensos de complejas tramas y subtramas que son una delicia para el ingenio, que el lenguaje artístico cautiva verdaderamente y que expresa ideas y realidades muy complejas que la mayoría no sabe expresar, y que un puñado de páginas viejas te puede meter de lleno en una escena mucho más real que el cine y conmoverte, airarte, encorajarte o aterrorizarte, real y físicamente, con un par de frases bien tiradas.No quiero que se me malinterprete. Que yo odiase leer no era obstáculo para que fuese el mejor inventor y narrador de historias de mi casa, mi bloque y mi barrio. Y ya desde niño me encantaba contar historias a mis hermanos, inventadas sobre la marcha, pero perfectamente hiladas y cerradas, como si las tuviese preparadas de antemano. Incluso animaba a que me diesen un par de conceptos o unos personajes sobre los que yo contaría la historia, y casi siempre eran tan disparatados que unirlos en un mismo relato era todo un reto del ingenio.El resultado de esa unión, la de mi pasión primigenia por inventar y contar historias y del gusto tardío por la lectura, son las historias que contienen mis libros.Espero que disfrutes de mis pájaras mentales tanto como yo.
El misterioso asesinato en la mansión Barlovento
MEZCLA DE LECTURA Y PASATIEMPOSEn esta intrigante pero divertida historia ayudarás al detective Ridovigo a investigar el asesinato de un famoso empresario, el Sr. Rocablanca.
Deberás resolver intrincados rompecabezas, interrogar a los empleados, examinar escenarios y buscar pistas que te conducirán hacia la verdad.
Hay muchas incógnitas que desvelar y...
Los tipos de Gentletown (Próximamente...)
En un tranquilo pueblo acomodado cerca de la capital británica se ha urdido con precisión el asalto a una modesta sucursal bancaria cuya caja fuerte se encuentra anormalmente acaudalada durante las primeras horas del día. Los exhaustivos planes de los asaltantes deberán medirse con el implacable albedrío de la manera más natural posible.Una historia plagada de giros inesperados y un desenlace feliz, para algunos.Para otros, no.